La Comisión Franklin y el ensayo clínico moderno:

Los pacientes, en su mayoría mujeres, están sentados alrededor de una gran bañera de madera llena de agua magnética, vidrio en polvo y archivos de hierro. De su tapa emergen una serie de varillas de hierro dobladas contra las cuales los pacientes presionan expectantes sus áreas afectadas. Una cuerda unida a la bañera se enrolla libremente sobre ellos, y se toman de la mano para crear un «circuito». A través de la habitación baja, adornada con espejos para reflejar fuerzas invisibles, hay incienso y música extraña, los sonidos de otro mundo de la armónica de vidrio (inventados por cierto Benjamin Franklin). Mientras tanto, un hombre encantador con una elaborada capa de seda lila está circulando, tocando varias partes de los cuerpos de los pacientes donde el fluido magnético puede ser obstaculizado o atascado de alguna manera. Parece que estos bloqueos, en las damas en particular, generalmente están en la parte inferior del abdomen, los muslos y, a veces, «la ovaria». La sesión típica duraría horas y culminaría en una «crisis» curativa de hipo nervioso, sollozos histéricos, gritos, tos, escupir, desmayos y convulsionando, restaurando así el flujo armonioso normal del fluido.